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Corporación Desarrollo Estratégico

Análisis Chile perdió el trono: lo que Perú, Sudáfrica y Marruecos nos vienen a enseñar

 

No bastan las buenas intenciones del Estado ni de los gremios: faltan acciones concretas, responsables designados y plazos, para construir un verdadero plan maestro de la agricultura chilena, como el que ha sostenido Perú durante los últimos treinta años, sin importar quién gobierne. No podemos seguir regalando ventajas”.

Hace pocas semanas pasó algo que hace veinte años nadie en el agro chileno habría imaginado: Perú desplazó a Chile como el mayor exportador de fruta fresca de Sudamérica. Según cifras del sector, Perú cerró 2025 con envíos por sobre los US$14.000 millones, mientras Chile llegó a poco más de US$13.000 millones. El presidente de Fedefruta, Víctor Catán, fue claro: no es una sorpresa, es el resultado de veinte años de política agrícola sostenida por parte de nuestro vecino. Nosotros, mientras tanto, seguimos discutiendo lo mismo de siempre.

No es casualidad. Es la consecuencia visible de dos modelos de país que se separaron hace tres décadas, y de un patrón que ya deberíamos conocer de memoria: en Chile, cada cierto tiempo, un cultivo estrella se convierte en la nueva promesa exportadora, crece sin freno, se sobreoferta, y termina en crisis de precios. Le pasó a la manzana. Le pasó a la uva de mesa. Le pasó al kiwi. Y ahora le está pasando a la cereza: la temporada 2025-26 cerró con el valor FOB de exportación más bajo desde la campaña 2002-03, con el 87-93% de los envíos concentrados en un solo mercado, China, que ya no está dispuesto a pagar cualquier precio por lo mejor. El problema no es la cereza. El problema es que no aprendemos del ciclo anterior antes de repetirlo.

Perú: infraestructura que sobrevive a los gobiernos

Lo que distingue a Perú no es un golpe de suerte ni un commodity de moda. Son treinta años de inversión en riego que atravesó gobiernos de todos los colores políticos sin detenerse. Chavimochic, Olmos, Majes-Siguas, Chinecas: megaproyectos que transformaron desierto en tierra cultivable, construidos bajo esquemas de asociación público-privada donde el Estado no tuvo miedo de ceder la operación a privados a cambio de la infraestructura. Solo la tercera etapa de Chavimochic, con una inversión de US$750 millones financiada en parte por Canadá, va a incorporar 63.000 hectáreas nuevas y multiplicará por cuatro las exportaciones agrícolas de la región de La Libertad. En conjunto, los cuatro grandes proyectos de riego en curso Chavimochic III, Chinecas, Majes-Siguas II y Alto Piura van a ampliar la frontera agrícola peruana en más de 236.000 hectáreas y generar cerca de 421.000 empleos ligados a la agroexportación.

El resultado está a la vista: en poco más de una década, Perú pasó de no cultivar arándanos a liderar las exportaciones mundiales del fruto, y hoy es una potencia en uva de mesa, paltos, cítricos, mangos y espárragos. La agricultura, además de la minería, es uno de los dos pilares con que Perú ha decidido crecer, y lo ha hecho con una convicción que sobrevive al cambio de gobierno de turno.

Y no se quedó ahí. Perú construyó con capital chino el megapuerto de Chancay, una inversión de US$1.300 millones que ya está operando y que reduce a 23 días el tránsito marítimo directo entre Sudamérica y Shanghái, contra 35-40 días por otras rutas. El propio Instituto Real de Servicios Unidos advierte que Chancay está posicionado para desplazar a los puertos chilenos como centro de distribución del Pacífico sur. La respuesta chilena el Puerto Exterior de San Antonio recién entraría en operación el año 2032, cuando Chancay ya lleve casi una década funcionando a plena capacidad.

Sudáfrica: acuerdo para controlar una plaga

El caso sudafricano es distinto, pero igual de instructivo. Desde 2008, el gremio de productores de fruta de carozo y pomácea (Hortgro) y el gobierno sudafricano financian a medias un programa de control de la mosca de la fruta la Técnica del Insecto Estéril que hoy produce 65 millones de moscas macho estériles por semana y ha reducido en 73% las capturas de mosca del Mediterráneo en sus zonas de control. Desde que partió esa asociación público-privada, las exportaciones de fruta sudafricana crecieron 83%. No fue un problema técnico resuelto por un laboratorio aislado: fue un acuerdo sostenido entre el Estado y los productores, con financiamiento compartido y continuidad en el tiempo, algo que en Chile seguimos tratando como una negociación puntual cada vez que aparece un brote.

Marruecos: ganarle al desierto

Marruecos enfrenta una escasez hídrica más severa que la nuestra su disponibilidad de agua por habitante cayó de 2.500 m3 anuales en los años 60 a menos de 650 m3 hoy y aun así se convirtió en el abastecedor de fruta y hortalizas de Europa. La región de Souss-Massa, con apenas 24.800 hectáreas cultivadas, genera el 85% de las exportaciones frutihortícolas del país. La estrategia combina más de 140 embalses construidos a lo largo de décadas, un plan nacional de agua de US$14.000 millones que incluye desalinización a gran escala la planta de Agadir, la más grande de África, riega 15.000 hectáreas y «autopistas de agua» que trasladan excedentes desde el norte lluvioso hacia el sur árido. Con esa base, Marruecos diversificó su oferta hacia tomates, berries, cítricos y plantas aromáticas, y hoy el 95% de sus exportaciones agrícolas van a la Unión Europea. Apostaron a un mercado, construyeron el agua para sostenerlo, y no dejaron de innovar.

Australia y Nueva Zelanda: dos formas de poder de mercado

Australia, dado su tamaño, resolvió el problema por el lado de la demanda interna: cerca del 90% del consumo de fruta y verdura fresca del país se abastece con producción local, y las importaciones cayeron casi 50% en cuatro años. Esa saturación del mercado doméstico le ha dado al productor australiano precios superiores a los de exportación en varias categorías, aunque hoy la presión cambiaria y el aumento de costos los está empujando a exportar más hacia Asia.

Nueva Zelanda tomó el camino opuesto: concentró poder de negociación. Zespri opera como comercializador único («single desk») de todo el kiwi neozelandés que se exporta fuera de Australia, un modelo que sus propios productores ratificaron con el 97% de los votos en un referéndum de 2015. Esa estructura le permitió invertir más de mil millones de dólares en promoción de marca en solo seis años y construir una industria de US$4.000 millones. La OCDE la ha criticado por anticompetitiva; a los productores neozelandeses, mientras tanto, les ha dado el retorno más alto y estable del sector a nivel mundial.

El denominador común que a Chile le falta

Cada uno de estos países tomó una decisión clara y la sostuvo: Sudáfrica apostó al mercado europeo con coordinación fitosanitaria; Australia, al mercado interno; Marruecos, a Europa con agua construida; Nueva Zelanda, a la concentración del poder negociador. Chile, en cambio, tiene un híbrido sin dirección: cereza para China, uva de mesa para Estados Unidos, y hoy nos damos cuenta de que el mercado que realmente debiéramos estar construyendo es Latinoamérica, sin haberlo decidido nunca como estrategia.

Las amenazas no son pocas: plagas cuarentenarias, mercados mono-demandantes como el de la cereza en China, y un empobrecimiento silencioso de productores que hoy no tienen caja porque los retornos no alcanzan antes fue la uva de mesa, antes la manzana, antes el kiwi, siempre el mismo ciclo con un cultivo distinto. Es hora de construir, en orden: seguridad hídrica real, control de fronteras contra plagas cuarentenarias, y facilidades de visado para trabajadores extranjeros durante la cosecha, un cuello de botella que ya limita a varios exportadores.

En casi todos los países exportadores de fruta del hemisferio sur existen alianzas público-privadas que financian institutos específicos por especie para resolver sus problemas técnicos locales el modelo Hortgro/FruitFly Africa en Sudáfrica es el ejemplo más claro. En Chile, nuestras universidades y el INIA debieran ser esa fuente de conocimiento aplicado, pero seguirán apareciendo problemas nuevos mientras no exista la institucionalidad para resolverlos de forma sistemática. No bastan las buenas intenciones del Estado ni de los gremios: faltan acciones concretas, responsables designados y plazos, para construir un verdadero plan maestro de la agricultura chilena, como el que ha sostenido Perú durante los últimos treinta años, sin importar quién gobierne. No podemos seguir regalando ventajas.